¿Eres una mamá sobreprotectora?

En nuestra infancia, muchas mamás solían decir frases como: “No te subas allí”, “no toques las cosas”, “no corran tanto”, “no hagas esto, no hagas aquello”, “no, no, no” y siempre terminaban diciendo: “Es que no quiero que te pase nada”.

Si no tuviste una mamá así, tal vez si conociste a un amigo(a) que tenía una mamá sobreprotectora que los regañaba cada vez que iban a jugar a su casa. ¿Y cómo no proteger a esa personita que salió de ti y a la que amas tanto? El cuidar a nuestros hijos es un instinto innato en las madres de todas las especies, es nuestra obligación velar por su bienestar y asegurarnos de que se encuentren a salvo en toda circunstancia. ¿Pero hasta qué punto debe intervenir nuestro cuidado en su crecimiento y desarrollo? ¿Cuándo se convierte nuestro cuidado en sobreprotección?, ¿En qué puede afectar a mi hijo(a) si soy sobreprotectora? En el día de hoy te tenemos en nuestro blog estas respuestas y consejos para que tu hijo crezca de una forma más independiente, y tu estés más segura de hacer tu tarea como mamá, sin estrés y con confianza.

“Riesgo no es igual a riesgoso” – Leonore Skenazy

La columnista y autora americana Leonore Skenazy, explica que como padres no podemos evitar que nuestros hijos hagan actividades que implican riesgos, por ejemplo, andar en patineta o bicicleta implica un riesgo, porque el niño puede caerse y tener una fractura, pero no podemos detener a nuestros hijos de jugar, vivir la vida e experimentar situaciones por sí mismos. En cambio, montar bicicleta sin casco si es algo riesgoso, y allí si debemos intervenir; tomar medidas preventivas para proporcionarles seguridad a nuestros hijos es la mejor manera de protegerlos sin ser un obstáculo para su crecimiento y auto-aprendizaje. “Siempre habrá riesgos que tus hijos deben tomar, tu puedes eliminar los comportamientos riesgosos, pero no puedes eliminar el riesgo”. Enfatiza la columnista.

“Todo el temor en el mundo no impide la muerte: impide la vida” – Leonore Skenazy

Cuando prevenimos a nuestros hijos de disfrutar actividades como escalar, jugar en el parque, practicar deportes, etc. por temor a que algo “malo” les suceda, estamos transmitiéndoles nuestros miedos permitiendo que crezcan inseguros y con ansiedad. Tampoco debemos convertirnos en los llamados “padres helicópteros” vigilando cada paso que dan nuestros pequeños, queriendo hacer todo por ellos, evitando que sean arriesgados e intenten asumir sus propios retos. En la medida en que nos liberemos de nuestros propios miedos, nuestros hijos también percibirán nuestra confianza en ellos y sentirán que crecen en un ambiente seguro y sano. Es importante aclarar que el cuidado de los padres mientras sus hijos juegan y exploran no es incorrecto, por el contrario, el acompañamiento de un adulto es de vital importancia para la seguridad de los niños, pero debemos ser cuidadosos de no limitar la curiosidad y deseos de explorar de nuestros pequeños, sino mostrarles nuestro apoyo y transmitirles toda la seguridad que necesitan para que desarrollen su creatividad y crezcan siendo más independientes y capaces de sobreponerse a cualquier reto que se les presente en el transcurso de sus años.

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